Bueno, tocaba actualizar, y esta mañana, hablando con una amiga, se me ocurrió el principio de esta imbecilidad o imbecilencia:
Allí estábamos el bufón y yo en el límite del mundo, contemplando el abismo insondable bajo nuestros pies, muérete de envidia Rincewind.
Allí estábamos el bufón y yo en el límite del mundo, contemplando el abismo insondable bajo nuestros pies, muérete de envidia Rincewind.

(c)Junta de Andalucía
No creía él que fuese en serio mi amenaza, y jugaba a sacar un pie primero, luego otro, fuera de los confines de este mundo, adentrándose en el otro.
Entonces su rostro cambió al comprender que no era vana mi advertencia, y pasó de la risa al miedo.
Alzó sus muñecas y me las ofreció para que le atase y le llevase a tu lado, para que te hiciera sonreír.
Y supo él como sabrás tú que por ver tu sonrisa saltaría sin dudarlo a ese abismo para traerte al maldito bufón.